Granada: el privilegio del mar y la montaña.

La primera vez vinimos sólo a conocer la ciudad, y pasamos tres días inolvidables. Por la mañana hacíamos las visitas de rigor, aunque a nuestro ritmo, y luego comíamos en el restaurante gastronómico, que nos sorprendió una y otra vez por la manera tan original de utilizar los productos de la tierra.

Las tardes fueron todas distintas: la primera la pasamos contemplando cómo avanzaba el crepúsculo sobre el barrio de Albaycín; la segunda hicimos una incursión al spa, y al salir, nos preguntamos por qué no lo habíamos hecho ya el día anterior. Salimos tan relajados y con una mente tan clara que después de cenar en el patio, oyendo el agua de las fuentes, todo nos parecía distinto y aún más maravilloso. No pudimos evitar pasar la tercera tarde también en el spa, y luego disfrutamos relajadamente de un recital de poesía que se celebraba en el hotel.

Decidimos que cuando fuéramos a esquiar a Sierra Nevada, también nos alojaríamos en el HOSPES Palacio de los Patos*****, ya que sabíamos que ése sería el mejor tratamiento para después de una dura jornada de descensos. Y, en el futuro,  seguro que algún que otro verano nos venimos otra vez por aquí: tener una ciudad como Granada tan cerca del mar es un privilegio que hay que saber aprovechar.

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