Madrid: donde la realidad se confunde.

Hoy ha sido un día agotador, al acabar la jornada solo pensaba en desconectar lo antes posible y retomar esa energía que a lo largo del día he ido gastando. Mañana necesito el máximo de concentración en la conferencia.

Nunca antes había estado en un hotel HOSPES. He decidido venir gracias a las buenas referencias que me han dado y también por el prestigio que la marca ha obtenido en muy poco tiempo, pero la experiencia supera mucho a la expectativa. Este lugar ofrece justo lo que yo necesito: paz, comodidad y proximidad. He tenido una agradable sorpresa al descubrir que, además de lo anterior, encuentro arte y belleza, espacios puros, un descanso absolutamente reparador y una atención exquisita y personalizada que me facilita la estancia recomendándome lo mejor. Todo, aunque parezca mentira, se encuentra en el centro neurálgico de la ciudad.

Estoy alojado en una habitación abuhardillada de la cuarta planta y no sé si escribo por la necesidad de compartir contigo mi experiencia o por el puro placer de explicarte que el cielo de Madrid hoy está precioso, que la luz de la luna entra por la claraboya para hacer aún más regia la madera del edificio y que un suave aroma a canela y mango se ha adherido a mi piel con el propósito de trasladarme a lugares remotos. La Puerta de Alcalá, desplegada ante la ventana, me confirma que no he salido de Madrid, sin esa confidencia no lo hubiera podido asegurar nunca.
 

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