Mallorca: cara a cara con el infinito.

Boutique Hotel Mallorca: cara a cara con el infinitoUna piscina que termina donde empieza el mar; un mar que termina donde empieza el cielo. Infinity pool. El mantra de las olas acariciando mis oídos una y otra vez. Infinity sound. Un palacete con un pie en tierra y otro en el mar, uno en el siglo dieciséis y otro en el minimalismo del veintiuno.

Y yo que ―gracias a un amigo― sabía a dónde debía dirigirme en primer lugar: ¿alguna vez te han dado un masaje en unas cuevas naturales, junto al mar, y sin salir del hotel? Pues mejor no te cuento más.

Luego escogí una hamaca frente a la Infinity pool y permanecí ahí en un estado de semi-conciencia hasta que el sol desapareció. Al abrir de nuevo los ojos, todo ―cielo, mar, piscina― compartían el mismo tono anaranjado y crepuscular. La experiencia del infinito.

Pensé que estaría bien madrugar un poco al día siguiente para poder ver la aurora. Lo mejor de todo es que lo volví a hacer cada uno de los tres días que pasé ahí. Y que recuerdo esos instantes como si fuera ayer. Y que ni siquiera se me pasó por la cabeza tomar fotos. Aquello era algo para ser vivido.

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