París: 1889, un año mágico.

Hotel Boutique París: 1889, un año mágico.De acuerdo: París siempre será París. Pero volver al hotel de un paseo por los Champs Elysées no implica dejar atrás la ciudad. Porque la ciudad está en el Lancaster del mismo modo que el Lancaster está en la ciudad.

Mi mujer y yo nos preguntábamos qué sentiríamos alojándonos en un edificio construido en 1889, cien años después de la Revolución Francesa, en el año de la Exposición Universal, en el año en que Eiffel terminó su torre. Y lo que sentimos fue que habíamos viajado en el tiempo. Los muebles clásicos y las obras de arte se encargaban de ello. Pero a la vez intuíamos un cierto toque oriental: telas de la India y de Damasco, y un jardín de inspiración zen que parecía aún más maravilloso debido al contraste.

Pero como sabes, los polos opuestos siempre tienen algún punto en común, y en este caso la conexión se encontraba en La Table du Lancaster. Sin duda, la Guía Michelín (que no en vano le ha otorgado una estrella) te diría que en él la más alta cocina francesa adquiere un toque oriental, por ejemplo; o que puedes cenar en el patio oyendo el fluir del agua. Pero yo prefiero hablarte del soufflé de caramelo y la tarta hazelnut con chocolate caliente que compartí con mi mujer gracias a una recomendación de nuestro más que atento camarero: «para que el recuerdo de su visita sea aún más dulce», dijo. Y debo reconocer que acertó de lleno.

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