Mallorca comienza con la luz. Una luz clara, abierta, que se refleja sobre el Mediterráneo y dibuja sombras suaves sobre la piedra. El aire tiene sal. El horizonte parece no terminar nunca. Aquí, el tiempo se dilata y el mar marca el ritmo. Calas escondidas, navegación al atardecer y una línea de horizonte que cambia de color con la luz convierten cada jornada en una experiencia escénica.
Desde Cas Català, suspendido sobre la roca, Maricel observa ese paisaje como si siempre hubiera formado parte de él. El sonido de las olas acompaña cada paso, la brisa recorre terrazas y arcos de piedra mientras el sol asciende lentamente sobre el agua. Todo comienza aquí, donde la costa se abre sin interrupciones.